Muchas calles transite en mi vida, muchos oscuros callejones... algunos sin salida. Nací para vivir, viviendo en la muerte, viviendo de la sangre entregada voluntariamente o a la fuerza. Era eterna, era hermosa, pero estaba vacía. Hacía amistades que no deseaba que perduraran, era un alma solitaria en busca... ¿en busca de qué?, quizá solo en busca de esa respuesta.
Había veces que creía que habría perdido mi alma por completo, un brillo insaciable de sangre se reflejaba en mi mirar, cada vez mas duro, cada vez mas distante, cada vez mas alejado de la humanidad. Salía de caza de noche con los demás vampiros y no dejaba de sorprenderme como se tapaba todo lo referente al mundo mágico. Sabía que Nico era una leyenda entre nosotros, el mas despiadado e insensible de todos, temido por humanos, vampiros y todo aquel que supiese de él. Pero por más que lo deseaba nunca me lo cruzaba, y solo era una oyente mas, anónima y alejada del Nico real.
Así mismo sabía que a él le llegaban noticias de mi, ya que mi nombre comenzaba a sonar en aquel mundo, la joven hermosa que cautivaba, no mataba pero se alimentaba sin importar quien lo viese. Eso me distinguía ya que era temible pero no mataba. Nuestra especie se dividía en despiadados asesinos que odiaban a los humanos, y quienes le tenían compasión y se alimentaban de animales u de bancos de sangre para que no sospechen de nuestra existencia, yo era un mix de ambos, lo cual sorprendía (y quizá causaba aún mas temor).
Era la protegida del príncipe, en cualquier problema que me metía salía ilesa, él me cuidaba sin mostrarse. Hay veces que me gustaba sentir el peligro ya que esperaba verlo y que me salvase, pero eso nunca sucedía. Comencé a creer que ya no había límites para mi...
Ingresé en lo que muchos llamarían una secta, pero en verdad era una escuela de esoterismo, magia, conocer el pasado, el futuro, actuar correctamente en el presente. Era la escuela de Leonídas, el abuelo de Nico. Y comencé a aprender muchas cosas interesantes, mucho sobre la historia de nuestra civilización, sobre los primeros demonios que llegaron a este eslabón y formaron nuestra sociedad. Aprendí cosas oscuras y luminosas que no se enseñan en las escuelas mágicas, historias que se esconden. Aprendí de las profesias y pude estar en el lugar secreto donde ellas están guardadas, después de todo Leonídas era el Dios del Secreto y yo su alumna preferida.
Pero como todo gran secreto hay gente que no lo conoce y atenta contra él por temor, por los rumores que sobre él se emiten.
Una noche de luna llena, sin previo aviso, sin ninguna sospecha, un grupo de hombres lobo (seguramente dirigido por Augusto) nos atacó, destruyó el lugar, mataron a muchos, y a otros nos secuestraron, solo a los que más sabíamos.
Nos encerraron el mazmorras oscuras, húmedas y nos inyectaron inhibidores por lo que no podíamos transformarnos ni defendernos. Nos amenazaron, nos golpearon, estaba llena de heridas y moretones, pero había prometido no revelar nada y debía intentarlo. Los inhibidores eran tan poderosos que en mi caso causaban el efecto contrario de mi poder, en vez de que quienes estuviesen a mi alrededor me temiesen yo era quien temía por todo, sentía el corazón encogido, mis ojos estaban demasiado hinchados por las lágrimas, estaba sola, asustada, sucia, despojada de todo, teniendo solo la nada. Pasaron días y noches, quizá semanas y meses, no probaba una gota de sangre, y perdía demasiado de la mía (la sangre propia no alimenta al vampiro), y estaba secándome, sentía a la muerte cerca, acechándome.
Ya no tenía esperanzas y solo esperaba ese momento en que la muerte me abrazase y me llevase al infierno al cual a mi alma había condenado. Pero ese maldito y despiadado momento que uno espera cuando ya no existe nada no llegaba, y el agobio seguía.
Las noches eran eternas y siempre terminaban cuando abrían las puertas y comenzaba todo el calvario...
Ese día la puerta se abrió, y mis ojos cansados solo vieron la sombra de un hombre recortada en el umbral de la puerta, escuchaba muchos gritos, y pude entender que algo distinto había pasado, y que algo malo ocurría afuera.
El hombre se arrodilló al lado mío, levantó mi mentón y me miró a los ojos, mientras sacaba una daga de su bota, cerré los ojos esperando que me asesine, pero sentí el ruido de la piel que es cortada y sin embargo no sentía ningún dolor, intrigada abrí los ojos y vi como corría sangre por su muñeca y la acercaba a mis labios. La bebí sin preguntar nada, era la mas deliciosa sangre que jamás hubiese probado, o quizá solo sería que no bebía hacía demasiado, era especial, era distinta a todas, era igual a la única sangre que me excitaba y me llevaba a un estado de euforia como el que dicen que es causado por las drogas, era inconfundiblemente la sangre de Nico. Pero por mi debilidad y mi estado de abstinencia no pude soportarlo y me desmayé antes de poder decirle que sabía que era él.



1 comentario:
uiii me gustó esta parte (: en un momento fue triste pero me gustó el final (: espero más eh ;)
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