No sé bien que día es, estuve internada e inconciente por bastante tiempo, pero si sé que es lo que pasó.
En el Sahara hay un sector denominado "El Limbo", donde los fantasmas del pasado atacan cruelmente, el daño que uno cometió, el dolor que se infligió se materializa en el cuerpo de uno. El Limbo varía su ubicación dentro del desierto y se lo reconoce por "Los guardianes del pasado", los arqueólogos que vi eran ellos, su deber es almacenar el dolor corporal que emitimos al ser atacados, esta energía es una de las mayores del universo, es la que mantiene el orden cósmico, es la que permite que los planetas permanezcan en sus órbitas, la que une los átomos en las moléculas, esta energía es esencial y brota naturalmente de nuestros cuerpos, cada vez que sentimos (alegría, dolor, miedo...) se manifiesta naturalmente, pero al provocar y forzar la emisión de esta forma la energía se quintifica.
Y era allí donde estaba y eran eso las sombras, las almas de quienes asesiné, los actos incorrectos de mi vida que volvían a torturarme, a producirme dolor, a robar mi energía.
Ellos me atravesaban, desgarrando mi carne, sentía brotar mi sangre, cálida, espesa, caía en el piso lentamente, oía el incesante goteo, las manchas que iban depositándose desaparecían al instante en una nube negra. El dolor era insoportable, pero no había nada que supiese para evitarlo, ¿Cómo golpear un fantasma? no había poder, hechizo nada que los detuviese. Ni siquiera podía silenciarlos, pero ya no les temía, después de todo yo era el miedo. Sabía que la única forma de salvarme era escapando del Limbo.
Así que concentré lo que quedaba de mi energía y caminé tranquilamente fuera de allí, iba despacio, como si estuviese en un trance consciente, tratando de emitir la menor cantidad para que no me la roben, para no desvanecerme y perder mi vida allí. Pero al verme los arqueólogos intentaron detenerme, estaba cansada y no podía pelear contra ellos mientras sangraba incansablemente. Quizá fuese el fin, en verdad me importaba poco si lo era o no, me daba igual.
Comenzó el mareo, mis piernas comenzaron a debilitarse y caí. Lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento es a Damon.
Ahora seguimos en la carpa, la tormenta de arena aún no acabó. Damon no me habla, no entiende que haya sido tan imprudente, que haya hecho lo que hice, que me haya ido así, no entiende el desprecio que siento por mi vida y porque la arriesgo así, porque quiero olvidar en vez de crecer y seguir. Él no entiende, él es un egoísta que quiere que me quede a su lado por mucho que me duela el recordar
Él es realmente fuerte, en El Limbo él también sangraba, pero es más poderoso y me rescató. Es una suerte que no le haya pasado nada, esa culpa hubiese dado mucha energía allí. Y como él es tan fuerte no entiende mi debilidad.
Quería abrazarlo, quería sentir que me perdonaba, pero no podía pararme ya que seguía demasiado débil. Cuando duermo se que está al lado mío, siento sus caricias o quizá solo sea mi deseo de que así sea. Estoy tan confundida, no quiero separarme de él, pero no quiero seguir siendo una Diosa. Las voces no se han terminado de callar por completo, aparentemente soy mas sensible de lo normal ante lo paranormal (Irónico, ¿verdad?) y por eso siento el efecto cuando el resto no.
Trato de no pensar en que decisión tomaré, llegado el momento mis sentimientos me indicarían el camino. Luché mucho por la inmortalidad eterna y ahora que la conseguí no sé si la quiero. Pero si sé que quiero y demasiado a Damon.





1 comentario:
muy bueno. Me gusto mucho la parte de la carpa y los fantasmas. Espero el proximo!
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